miércoles, 25 de junio de 2014

Abril

      Se llamaba Abril. Sus grandes ojos verdes, a veces aguamarina, constituían toda la inmensidad de mi universo. Era lo que más me fascinaba de ella; su piel era blanca como  porcelana, con apenas unas pequitas en las mejillas que, de vez en cuando, se confundían con el rubor  que le provocaban mis besos. Bueno, los besos que solía darle. Porque como dice la salsa, “todo tiene su final, nada dura para siempre”. Y, como jamás duró una flor dos primaveras,  lo nuestro no fue una excepción. Sin embargo, nunca olvidaré aquella última mirada.
                                                             ________


Había ignorado las múltiples advertencias de mis amigas: que si la noche, el peligro, la ciudad devoradora…

El humo. Las luces. La música a todo volumen, -me genera sordera-, el vodka, la cuba libre, la multitud, los necios que se empeñan en conversar, y se gritan al oído preguntas que, en un sitio más apropiado, no se atreverían a formular. Se empeñan en una interacción absurda, aun sabiendo que en ese tipo de tugurios lo importante es saber mover las caderas.

No tengo diez minutos en el antro, y ya recibo la primera invitación a bailar. Baile. Movimiento. Meneo de caderas. Roce de cuerpos. Sudor mezclado con perfume y humo. Una perfecta amalgama de narcóticos nocturnos. Un baile tras otro, la música no para de sonar. El cuerpo se adapta a esa rutina mecánica, pero sensual, y al manoseo. Las manos en la cintura, en las caderas, en el culo, en los pechos. Las frentes llenas de sudor se rozan al ritmo de la Electro. El deseo. El deseo aparece, es algo instintivo. La mente vuela, está en otro sitio. Uno tras otro, se repite la misma rutina.

Los cuerpos son masas aglutinadas, todas iguales, lo único que varía es la forma de moverse: unos más lascivos que otros, pero de todos modos aquello no es más que sexo con ropa. El vaivén es el mismo. No me preocupo por los rostros, la poca luz y el vodka en el cerebro, no me permiten distinguir entre uno u  otro compañero.

La cercanía es inevitable, lo siento pegado a mí. Sus manos no se despegan de mi cuerpo. Suena un reggaetón. “Dile que bailando te conocí, cuéntale”, asevera el cantante. Me parece conocido pero no recuerdo su nombre. Sus labios se deslizan, poco a poco, por mi cuello. La piel se eriza, mi mente está en otro lugar. No vacilan mucho, llegan a las mejillas, y se aventuran a mis labios. Los suyos saben a Cuba libre, son algo dulces. El reggaetonero sigue insistiendo, dice: “dile que beso mejor…”. Yo ni me entero, estoy ocupada pensando “¿Y si fuera ella? Con otro rostro y otro nombre diferente y otro cuerpo, pero sigue siendo ella, que otra vez me lleva; nunca me responde, si al girar la rueda. . . Ahh”, me susurra  al oído Alejandro Sanz . Mis manos acarician su cabello corto, y mi boca se enfrasca en la suya, dulce y avezada. Por unos segundos me sumerjo en la fantasía de pensar que no es mi acompañante quién me devora. “Abril”, susurro entre dientes, separando, a duras penas, sus labios de los míos.

            —Disculpa, ¿qué dijiste? –me pregunta al oído.

            —Que tengo calor, ¿nos tomamos un trago?

  —Claro, mi bella, vamos por los tragos –afirma él.

El sabor a Vodka también me recuerda a Abril. Era su trago favorito, el problema venía cuando lo mezclaba con otras sustancias.

 —¿Y cómo te llamas, mi bella?

—Alejandra –mascullé.

—¡Qué casualidad! Yo me llamo Alejandro, nosotros como que estábamos destinados, belleza.

Le asiento con una sonrisa. Apenas puedo escuchar sus balbuceos. Mi mente vuelve a los acontecimientos de esta mañana, y a la última mirada de Abril. El pana vuelve a besarme. “Esos labios tuyos me provocan”, me susurra con su aliento a licor. Ignoro su comentario balurdo. Sólo quiero olvidar. Le beso con fuerza, con rabia. Soy un huracán en su boca, que lo revuelve todo sin contemplación, incluso, puedo sentir  su excitación en mi cintura. “Es mentira que sepan a vinagre los besos sin amor”, pienso en la canción de Sabina. “No es tu culpa, no es tu culpa, no se quiso dejar ayudar”, me repetía como un mantra. Deseo salir corriendo, estoy sudando frío, siendo escalofríos, me siento claustrofóbica. “Tengo que ayudarle, yo puedo ayudarle”, susurra una y otra vez la voz en mi cabeza. Él ni se entera, está muy inspirado cantando: “me tratas mal, pero me gusta”. ¡Pum Pum! Detonó el arma, y mi acompañante cayó a mis pies.


Entonces lo sentí, en toda mi piel, el vals de la muerte que abrasaba su vida. Y la mirada, la última mirada, como la de Abril. El vértigo me recorrió la columna, la gente gritaba y se dispersaba. Yo corrí. El tugurio era ahora un infierno. Igual que esta mañana. Sin embargo, esta vez a la pistola no la sostenían mis manos.

                                                                                                        Elvianys Díaz

miércoles, 11 de junio de 2014

Todo el tiempo el amor


 

—Amor… y pensar que eso era lo que me mantuvo junto a ti todo este tiempo; y pensar que era tu argumento para justificar todas tus acciones –decía ella mirándolo fijamente a los ojos.

 Y esos ojos cafés que querían decirlo todo, clavados fijos en los de ella, no decían nada:

—Tranquilo, no es necesario que emitas palabra. Ya no necesito tus disculpas, tus promesas en vano, aquellos “no lo volveré hacer. Yo te amo” que perdían vigencia cada vez que tu puño tocaba mi cara. Ya no te creo.

Su boca entreabierta parecía querer decirle algo, pero ella lo tomó del mentón y seguía:

—¡Calla! Esta vez hablaré yo. Por primera vez en siete años de casados me toca a mí desahogarme. Quién se iba a imaginar que un hombre con un semblante risueño, deleitable ante los ojos de cualquier mujer podría ser semejante monstruo; nadie pudo advertirme de ello. ¿Recuerdas la luna de miel? ¿Cuando aquel viejo verde se atrevió a tocarme el culo? No dijiste nada. Pero más tarde en la habitación me reprochaste, me acusaste de provocadora por usar ese vestido de playa que dejaba ver mis curvas. ¿Y cómo no pude darme cuenta que ese era el inicio de mi infelicidad? Amor. Todo el tiempo el amor.

 Hizo una pausa y, a pesar de todo, suspiró y lo miró con cierta ternura, apreciando como la brisa acariciaba su cabello negro.

—Me conociste siendo libre, soñadora y parlanchina. Me querías para ti solo, y la idea de un embarazo fue la excusa para que renunciara a mi trabajo y me dedicara a ti, a tu hijo y a tu casa. Domaste mis pasiones. Cuando no pudiste embarazarme empezaron tus frustraciones. Mis infinitos esfuerzos por consolarte, por hacerte saber que yo estaría contigo siempre te mortificaban aún más. Por cada prueba negativa, el sexo se convertía en una rutina asquerosa, dolorosa. ¿Y los golpes? Las cachetadas y puñetazos que me hicieron besar el suelo a causa de tu mente retorcida ¿Por amor? Todo el tiempo el amor.

 Él no decía nada, acaso como si no se atreviese o simplemente estaba atento a las palabras de su esposa. Ella subió a las rocas que con tanta fuerza golpeaba la marea. Desde allí podía verse parte del litoral. Con la mirada perdida, demente, concluyó:

—Sólo Dios y yo supimos lo mucho que te amé. Porque yo si te amé, tan inmenso como este mar, como este cielo, y tú nunca supiste verlo. ¡Pero esto se acabó, me cansé! ¡Me voy lejos y ya no puedes impedírmelo, no puedes perseguirme! Adiós.


Fue entonces cuando cayó. Él de verdad, no pudo ir tras ella... no pudo perseguirla porque su cuerpo fue hallado en su casa, en la capital, decapitado, y su cabeza, yacía entonces en lo más profundo del mar. Ella huyó. Con sus propias manos puso fin a ese yugo. Se había ido para siempre y, por fin, fue libre.

                                                                                                  Ambar Almenar

miércoles, 4 de junio de 2014

¡Catalejo está de fiesta!


Hola, Claudia...
 
Decidí escribirte la presente misiva, es curioso, ¿sabes? Pero no tengo idea de por donde comenzar. Sí, lo sé, sueles decirme que uno no debe escribir sin un propósito, o una intención clara. Puedo asegurarte que el propósito existe. Sin embargo, esta noche, las palabras se me diluyen. Aquí voy, haré mi mejor esfuerzo...Te pido que uses tu imaginación y me ayudes...
 
Para empezar, seré muy franca, no recuerdo como nos conocimos, detalles, quién nos presentó, sobre que conversamos la primera vez. ¿La verdad? No lo recuerdo. Pero lo que, hoy, puedo afirmarte con seguridad es que ahora somos tremendas panas. Clau, contigo la amistad se parece a, "Acompáñame", la canción de Buena Fe. Porque en definitiva, nos la pasamos inventando que lo malo se ha ido; podemos pasar horas de pactos con la ficción, eso sí, sin perder la certeza de que la realidad siempre se impone. Por ahí dicen que sin bullym no hay amistad, en el sentido cuchi del término (risas), te aseguro que sin demencia tampoco, y de eso tiene mucho la nuestra.
 
Hoy, 5 de Junio (mi mes favorito) de 2014, quiero desearte, lo que suelo desearte a diario: lo mejor del mundo. Sin embargo, a veces es válido (y necesario) ponerse lugar común, ser cliché, y no perder la grata oportunidad que brindan ciertas ocasiones especiales. Así que felices 20, ami. Que este nuevo añito de vida esté colmado de éxitos, de aprendizajes, de literatura, éxtasis, escritura, rumba y elixir de los dioses (?). Sí, de escritura, que te invadan unas ganas apasionadas de darle razón de ser al papel en blanco, de contar historias, de argumentar tus puntos de vista. Ojalá que te sigas enamorando del periodismo, que te cautives, más, por el poder de las letras. Tú bien sabes que estas acarician sin necesidad de tener manos. Espero sigamos compartiendo conciertos, hasta por Twitter, y veamos de nuevo a nuestros amores corear: "tengo una catalejo, con el la luna se ve, marte se ve...". Que los dioses del periodismo te sigan iluminando, los astros dejen de espiarte, y Mercurio deje en paz a nuestro querido signo de Géminis. Rezo para que nos sigamos encontrando, en las puertas abiertas, de la comunicación social. Felicidades, Duquesita, que la experiencia te siga afilando esa pluma. ¿Y por qué no? Te la romantice un poco (risas). ¡Bienvenida a la segunda década!
 
Catalejo está de fiesta hoy.
 
Feliz cumpleaños, amiga.
Feliz cumpleaños, periodista.
 
P.D: "cuidado con los betas candelosos (?)"
P.D: "mira que teorizo las ideas".
 
Quien te quiere, tu amiga, colega, cómplice de demencias nocturnas:
 



 
                                                                               Elvia
 
 
 
 
 
 
 
 
 

miércoles, 28 de mayo de 2014

“Vamos a hacer hasta lo que no existe”

             El rap venezolano es una realidad concreta actualmente. Lo que hace 20 años era un proceso en etapa de gestación, hoy puede palparse y percibirse en todas partes. Las causas de su origen ( la inconformidad social, acompañada de las ganas de gritarla a los cuatro vientos), se mantienen. Sin embargo, los raperos se han percatado de que su don para rimar y enviar mensajes de forma masiva, acarrea responsabilidad. Han caído en cuenta de que hasta expresando lo que no les gusta, deben ser conscientes. De igual forma, parte de quienes integran este movimiento saben que, pese a que el género ha evolucionado, todavía es necesario corregir y perfeccionar varios aspectos. Frente a esta situación, cada uno de sus integrantes ha actuado de diferentes maneras.

              El rapero venezolano Truko lo está haciendo a través de “La Poesía de la calle”, taller que imparte en la Casa de las Letras Andrés Bello. En esta ocasión, el cantante dio detalles acerca de esta iniciativa. De igual forma, comentó los pormenores de su nueva producción discográfica “Horario supervisado”:



  —¿Cómo surge la idea de buscar el apoyo de la Casa de las Letras Andrés Bello?
           
             —La idea de buscar el apoyo en la Casa de las letras surgió debido a que es el único ente encargado de la poesía convencional. Además, fui el único rapero venezolano que invitaron al Festival Mundial de Poesía 2013. Aproveché ese contacto para pedir que me brindaran la oportunidad y el espacio para hacer esto.

—¿Cómo fue la receptividad de la Casa ante tu proyecto?

            —La receptividad de la Casa ha sido al 100%. De hecho, todas las cosas que he necesitado, las he tenido, gracias a Dios. He contado con todo su respaldo en todo lo que concierne a la organización del evento. Todo lo he tenido gracias al apoyo que ellos me han prestado.

—¿A qué público va dirigido "La Poesía de la Calle"?

 —Al público en general. De hecho, hay invitados  que forman parte del movimiento del rap. Pero también está abierto a cualquier persona.

—¿Qué contenidos ofrece el taller?

 —En principio el taller se ideó con la finalidad de fomentar el uso positivo de las composiciones de rap para el Festival Mundial de Poesía 2014. Pero los raperos, al percatarse  de que existen ciertas inquietudes y necesidades prioritarias para el rap venezolano actualmente (por ejemplo, la necesidad de unión y autogestión), se dieron cuenta de que deben coordinar muchas cosas antes de poder ponerse de acuerdo para sacar un producto específico para el festival.

—¿Cuándo inició y de cuántas clases consta?

        —Inició el 06 de mayo, primer martes del mes, y termina el primer martes del mes de junio, el día 03.

—¿Te ha acompañado algún colega del género?

   —Sí. Han venido Crisler, Flysinatra, Aros, C4, Reke y  La mente. También vino un integrante del crew SPL.


—¿Cómo fue la integración de ellos a esta iniciativa?

           —Su integración ha estado marcada por el compromiso. Flysinatra y Aros quedaron muy comprometidos. Hasta el sol de hoy están aquí conmigo. Crisler siempre está pendiente de todo y me hace propuestas constantemente. Los demás no han prestado la atención suficiente. Entiendo que deben tener otros compromisos que atender.

—¿Cuál consideras que es el aporte de este tipo de talleres y de éste específicamente al rap venezolano?
           
   —El aporte principal ha sido la integración. El poder darse la mano para llenar parte del vacío que tiene el movimiento en general: la falta de organización y de condescendencia entre los raperos. Esto es importante, puesto que no ha existido la preocupación acerca de qué tanto pueden ayudarse los raperos mutuamente, sino que se han centrado en cómo hacer el trabajo de manera individual. Con este taller estamos buscando la manera de sacar provecho a nuestros trabajos con el fin de que sean útiles para todos.

—El encuentro de hoy cuenta con una particularidad: el estreno de Horario supervisado, tu nueva producción. ¿Qué encontraran los oyentes en este disco?

           —Aproveché el encuentro de hoy para salir de ese lío que tenía con el Horario supervisado desde el año pasado (risas). Hoy lo estoy vendiendo por primera vez y anoche salió el video promocional. Es un disco lleno de mucha escritura. No me centré en ningún tema específico. Lo planteé desde un punto de vista tal vez un poquito fuerte, ya que no todo lo que decimos tiene que ser bonito o lo que es bonito puede ser un poco fuerte también. Es un disco corto, de ocho canciones. La producción es un poquito suave: las pistas son bien melódicas, bien armónicas. Se pueden encontrar pistas agradables al oído y letras como la de “extraña belleza”, que es un mensaje positivo para la mujer venezolana, en el que se le plantea que se acepte como es y no sea presa, por ejemplo, de la necesidad de una operación estética. Tenemos contenido, una buena escritura y un montón de instrumentales bien chéveres como para que se los vacilen.
 

—¿A cargo de quién o de quienes estuvo su producción?

           —El disco fue producido en Chillout Music por Hpc, Rubén Roots y yo. Y la post producción estuvo a cargo de Jorge Herrera.

—¿Qué evaluación podrías hacer acerca de la situación actual de rap venezolano, cuáles consideras que son sus carencias y qué aporte inmediato harías al género?

           —Siento que en este momento el rap venezolano necesita autogestión. Creo que esa es la única manera de que salga adelante por sí mismo, debido a que no tenemos un mercado musical y debemos hacerlo juntos. El rap necesita organización y, sobre todo, responsabilidad. Que la gente sea capaz de morir por su palabra. Es un dicho que escuché una vez y creo que la gente que está haciendo rap debería tener esa capacidad, especialmente en este momento  tan importante como el que está viviendo Venezuela. Yo por mi parte puedo aportar responsabilidad. Yo creo soy capaz de morir por mi palabra. También puedo colaborar a través de iniciativas como ésta en las que se busca que nos montemos a trabajar.

 —Algún mensaje que quieras compartir…


          —Somos nosotros. No se frenen ni esperen a que nadie haga nada. Vamos a hacerlo todos juntos. Si es necesario, vamos a hacer hasta lo que no existe. Hay que hacerlo. Las ideas son luz. Cuando Dios dijo “hágase la luz”, surgió una idea. Es lo único que necesitamos.

                                                                                                                Claudia Hernández

miércoles, 7 de mayo de 2014

SIN DESTINATARIOS







-Hola:

-Dedícame la canción que se parezca a lo que piensas de ti...
-Confiésame un pecado divertido
-Cuéntame si la felicidad te sabe a trago de champaña o a beso de amor
-Quisiera saber qué piensas cuando ves caer las gotas de lluvia por la ventana
-Conquístame con tu mayor defecto
-Recomiéndame el libro que más te haya marcado
-Dime qué película no verías jamás, para verla cien veces sin ti
-Cuéntame qué te hace sentir plena
-Recítame el primer poema que te aprendiste
-Desnúdame sin  ponerme un dedo encima
-Sedúceme con inocencia
-Confiésame un secreto inconfesable
-Cuéntame qué te hace ser "tú" cada día
-Dame tres razones para no quererte... tanto
-Dime a quién va dedicada tu canción favorita
-Cuéntame qué te borra la sonrisa del rostro
-Quiero saber a qué le tienes fe
-No me des razones para querer conocerte
-Dame un motivo para no ser desconocidos
-Confiésame que ves cuando cierras los ojos
-Cuéntame de qué material están hechas tus alas
-Dime si cuando me miras a los ojos, encuentras lo que estás buscando
-¿En quién piensas cuando te muerdes los labios?
-¿Cuál es tu lugar común favorito?... ¿El mío? El encuentro
-Confiésame una utopía
-Cuéntame qué te inspira
-Cuéntame en quién piensas antes de dormir, porque yo soy como Serrat, "no hago otra que pensar en ti, y no se me ocurre nada".


Elvianys Díaz



miércoles, 30 de abril de 2014

Al Gabo



           A veces los textos no planificados son los que mejor salen o fluyen, precisamente por su carácter imprevisto. Porque se dan por razones que no se tenían previamente estimadas. Sin embargo, estas razones, aunque contribuyan a una mayor fluidez en la escritura, no suelen ser las más agradables siempre. Éste es uno de esos casos:

        Volteé la hoja para continuar con el ejercicio. Uno de mis compañeros se levantó de su asiento y comenzó a leer en voz alta, mientras el resto del curso seguíamos las líneas leyendo mentalmente: 

        “No sé si fue mi sangre, pero un momento después había una revolución de tiburones alrededor de la balsa. Nunca había visto tantos. Nunca los había visto dar muestra de semejante ferocidad. Saltaban como delfines, persiguiendo, devorando peces junto a la borda. Atemorizado me senté en el interior de la balsa y me puse a contemplar la masacre.


        La cosa ocurrió tan violentamente que no me di cuenta en qué momento el tiburón saltó fuera del agua, dio un fuerte coletazo, y la balsa, tambaleando se hundió en la espuma brillante. En medio del resplandor del maretazo que estalló contra la borda alcancé a ver un relámpago metálico. Instintivamente, agarré un remo y me puse a descargar el golpe de muerte: estaba seguro de que el tiburón se había metido en la balsa. Pero en un instante vi la aleta enorme que sobresalía por la borda y me di cuenta de lo que había pasado. Perseguido por el tiburón, un pez brillante y verde, como de medio metro de longitud, había saltado dentro de la balsa. Con todas mis fuerzas descargué el primer golpe de remo en su cabeza.

        No es fácil dar muerte a un pez dentro de una balsa. A cada golpe la embarcación tambaleaba: amenazaba con dar vuelta de campana. El momento era tremendamente peligroso. Necesitaba de todas mis fuerzas y toda mi lucidez. Si descargaba los golpes alocadamente la balsa podía voltearse. Yo habría caído en un agua de tiburones hambrientos. Pero si no golpeaba con precisión se me escapaba la presa. Estaba entre la vida o la muerte. O caía entre las fauces de los tiburones, o tenía cuatro libras de pescado fresco para saciar mi hambre de siete días”.

        —¿Qué ven allí? ¿Qué predomina en esa narración? –preguntó la profe. 

        Al ver que nadie respondía o que quienes decían algo lo hacían en voz baja para que ella no los escuchara, agregó:

        —Es una narración dinámica que sugiere acción y movimiento. Una lee y siente el temblor de la balsa, el terror del naufrago a ser devorado por los tiburones. Una cierra los ojos y la imagen de ese hombre con aquel coraje, causado por la desesperación y las condiciones extremas en las que había vivido los últimos días, pasan por la mente como si fuera una película. ¿Verdad?

        —Sííí –respondimos los que atendíamos a su explicación.


        Todos estuvimos de acuerdo. Subrayamos los verbos del párrafo y continuamos leyendo los demás fragmentos. Yo quedé fascinada, porque lo que percibí como lectora no se trató de una sensación superficial cualquiera. En realidad ese fragmento sí me había sugerido y sumergido en la acción. De verdad entendía perfectamente a qué se refería la profesora, porque efectivamente sentí el tambaleo de la balsa por unos segundos y compartí la vaga esperanza del naufrago al ver en el pez una remota posibilidad de sobrevivir. De inmediato me dije “Este efecto sólo lo produce un grande, un gran escritor”. 


        Seguimos con el ejercicio y nos encontramos de nuevo con su pluma. Esta vez se trataba de un fragmento de ¿Quién le cree a Janet Cooke? 


        Este párrafo tuvo cierta ventaja sobre el otro. La profesora decidió leerlo y eso implicó de manera automática algunas diferencias. La lectura en voz alta de quien sabe qué enfatizar, en qué momento hacer pausas y cuándo cambiar la entonación, produce un efecto distinto en el oyente: justo el que el escritor desea causar cuando crea el texto. Haciendo aquel gesto favorito que era como su sello estilístico, un semicírculo en el aire con la mano derecha, que permitía que se apreciaran sus largas uñas pintadas, comenzó:


        “Lo malo es que en periodismo un solo dato falso desvirtúa sin remedio a los otros datos verídicos. En la ficción, en cambio, un solo dato real bien usado puede volver verídicas a las criaturas más fantásticas. La norma tiene injusticias de ambos lados: en periodismo hay que apegarse a la verdad aunque nadie la crea, y en cambio en literatura se puede inventar todo, siempre que el autor sea capaz de hacerlo creer como si fuera cierto. Hay recursos intercambiables. Si un escritor dice que vio volar un rebaño de elefantes, no habrá nadie que se lo crea porque el buen periodismo le ha hecho creer al mundo que los elefantes no vuelan”.


        Fue pertinente y satisfactorio. Agradable y oportuno: una revelación. Logré entender completamente en unos minutos algo que me había costado internalizar del todo en el semestre anterior. Con esa sola lectura, al fin pude saber exactamente en qué consistía eso de argumentar.

         Naturalmente no me conformé con esas lecturas y busqué más. Entonces tuve la dicha de apreciar varias de sus obras. De vivir minutos de agonía, angustia y desespero con la aventura completa del naufrago. Sintiendo el calor del sol que le destruía la piel, aunque yo estaba bajo el techo de mi cuarto, y compartiendo el cansancio tras cada brazada que daba para llegar a tierra, a pesar de que estaba acostada en mi cama. No fue menos grato entrar al mundo lascivo y promiscuo de Relato de mis putas tristes, y creerme en algún momento que todo en la vida comienza y acaba en el sexo. Agradable fue también creerme completamente uno de sus clásicos más conocidos, una historia contada con un manejo impecable de los saltos en la linealidad temporal. Un relato que a pesar de que, como afirma uno de sus personajes, carece de todos los requisitos para ser una historia verosímil literariamente hablando, convence precisamente por ser tan absurda y confusa como lo es la vida misma en ocasiones. En ocasiones en donde todo indica un rumbo, donde todo es como la Crónica de una muerte anunciada. Y, sin embargo, la gente no evita que se cumpla el anuncio. Debe ser por eso que el título de este relato se ha convertido en una cita y referencia automática cuando estoy frente a una situación ilógica que ha dado previamente todos los indicios de serlo. En referencia se convirtió de igual manera ese gesto que Gabriel tuvo con esta tierra creadora de literatos como él, esta que es amor y dolor a la vez, alegría y tragedia simultáneamente: América Latina. La soledad de América Latina, discurso que emitió al recibir el mayor de sus premios literarios por Cien años de soledad, es un flechazo de oro (un discurso contundente y directo, pues) por ser el clamor y las exigencias de casi todo un continente; planteados de manera magistral a través de la narración, las referencias históricas y las comparaciones. Todo esto acompañado de los infaltables recursos estéticos. Pero que no deja de ser un mensaje claro y explícito en donde todo latinoamericano se ve inevitablemente reflejado al leerlo. Curiosidad, sorpresa, desesperación, expectativa, reflexiones y sobre todo, una sonrisa llena de satisfacción, son las consecuencias y los efectos que se han desprendido de la lectura de estas y otras obras de García Márquez


        Me contenta poder afirmar ( me atrevo a hacerlo) que Gabo no se fue, sino que se quedó vivo en todas esas páginas, en esas ideas plasmadas y transmitidas, en todas esas almas que, como afirmaba con toda razón, estaban ansiosas de leer mensajes en lengua castellana. El mensaje quedó claro para los que nos dedicamos a esto de expresar ideas por escrito. Quedó claro porque sus mensajes fueron un ejemplo de cómo deben ser esos textos anhelados por las almas. 

        La muerte es un destino inexorable del ser humano. A veces llega primero a unos que a otros y en circunstancias distintas. Pero llega y no eso está sujeto a cambios. No obstante, el antónimo, la contraparte de ese destino, sí es susceptible de ser cambiada, manejada y controlada parcialmente. La vida sí está sujeta a cambios. De hecho ese es el factor que la define. 

        El hombre decide en gran parte cómo llevar su vida, qué decir, qué hacer, qué aportar, a cuáles cambios someterse, cuáles proponer y promover. El hombre que, en su paso por este mundo, decide dedicarse a algo, poner todas sus energías para ser bueno en ello y desde allí actuar con firmeza para colaborar con la humanidad, se inmortaliza. El Gabo decidió ser escritor y aportar desde y hacia el periodismo, la literatura y la cultura. Murió su cuerpo, esa máquina a través de la cual operó, pero Gabriel García Márquez está vivo en cada taller de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, en la persona (muchas personas) que disfruta, aprende y/o se motiva a poner en práctica alguna buena acción cuando lee alguna de sus obras: en todo su legado.

        Ahora estoy en un aula de nuevo. Es otra clase, otra profesora, otro grupo, otro año, es otro compañero el que lee, yo soy otra. Ya no leemos con la finalidad de hacer un ejercicio que permita comprender mejor el contenido de una lección específica de la materia. Aunque la verdad sí estábamos haciendo unos ejercicios de igual o mayor importancia: reflexionar, pensar y analizar. El compañero leía, con una dicción casi perfecta, el texto proyectado en la pared por el video beam, y yo seguía la lectura desde el monitor de la computadora que tenia en frente. Se trataba de Periodismo: el mejor oficio del mundo. A pesar de que ya conocía el contenido del discurso, mientras iba leyendo y escuchando al mismo tiempo, descubría ideas nuevas que me hacían pensar en la nobleza, los riesgos y los sacrificios que implica ese oficio. Un final fulminante me dejaba un mensaje preciso: “Nadie que no lo haya vivido puede concebir siquiera lo que es el palpito de la noticia, el orgasmo de la primicia, la demolición moral de fracaso. Nadie que no haya nacido para eso y esté dispuesto a morir por eso podría persistir en un oficio tan incomprensible y voraz, cuya obra de acaba después de cada noticia, como si fuera para siempre, y no concede un instante de paz mientras no vuelve a empezar con más ardor que nunca en el minuto siguiente”.

         Asentí con la cabeza, y del mismo modo como comprendí en segundos con aquel fragmento del pasado lo que no había asimilado en seis meses, entendí, con mayor claridad, por qué estaba en ese salón. Gracias por todo, Gabo.                                      

            
                                                                                                         Claudia Hernández

martes, 8 de abril de 2014

Más de cien razones, más de cien mentiras

Cuando más perdida me siento recuerdo que existe una canción que desde la primera vez que la escuché se convirtió en mi grito de guerra personal. ¿Guerra? Bueno, quizás “guerra”  es la palabra menos adecuada en este clima inestable, violento e intolerante que impregna nuestro país. La oscuridad se ha posado sobre una Venezuela que, desde hace rato dejó de ser luz. Y la paz, el diálogo, la tolerancia, y la sensatez han pasado a formar parte de un diccionario utópico que, al parecer no está a nuestro alcance. Lo que si está a la vuelta de la esquina es una tipa frívola llamada: violencia. Dicha canción entonces, podría decir que se ha transformado (porque creo que todo se transforma), en mi himno personal contra el desaliento, en mi llamado a continuar y a no desistir. “Tenemos memoria, tenemos amigos, tenemos la duda y la fe, sumo y sigo…Tenemos cenizas de revoluciones”, así lo afirma mi admirado Joaquín Sabina, el mismo que se pregunta: “¿Quién coño me ha robado el mes de abril?”, y vive en el número siete, Calle Melancolía. Y yo lo reitero: “más de cien palabras, más de cien motivos para no cortarnos de un tajo las venas”. Y es que, motivos para continuar sobran, el primero de ellos: ¡Estamos vivos! Después de todo, ese velo fatal e inevitable (propio de nuestra condición humana), llamado muerte, es lo único que no tiene remedio o solución. Para lo demás siempre habrá una forma, una solución, un camino, ¿no? Al menos es lo que me gustaría creer. Llámenme soñadora o bohemia, ilusa quizás, pero yo, sigo creyendo que existe un camino. Y aunque el futuro se ve lejano, poco prometedor y cubierto por las nubes grises de la desesperanza, debemos recordar que existen: "más de cien palabras, más de cien motivos para no cortarnos de un tajo las venas, más de cien mentiras que valen la pena”. Toca repetir la canción a diario, tampoco podemos tirarnos a la desidia. Que tirar sea solo un sinónimo criollo de hacer el amor. Y es que, nos estamos volviendo tan irracionales, fanáticos y apasionados (pero faltos de amor), que hemos perdido (si es que alguna vez la tuvimos) la capacidad de reconocer a la otredad. Y no, no me refiero al “gobierno”, que ya ha hecho muchos méritos por si solo, para que ese título le quede grande. Yo hablo  de ese individuo que tienes a tu lado que respira tu mismo aire, y observa cada día la misma luna que tú, pero que simplemente piensa y tiene una realidad diferente a la tuya. ¿Es qué pensar distinto es un pecado? ¿Acaso los puntos intermedios no son válidos? ¿Es tiempo de sentar posturas radicales? ¿Será tu argumento más valido que el mío? Ese que tiene problemas, familia, trabajo, sueños, que quiere convertirse en profesional. Al que cree, como yo, en la Academia, al que pasa el día pegado a una biblia, al que busca a Dios cuando alza la cabeza al cielo, al que solo cree en la bendición de su mamá. Al Arquitecto que sueña con construir un país mejor, al periodista que aunque suene romántico, pretende ser la voz de los que no la tienen, al abogado que todavía cree en la justicia, que guarda  en su chaqueta  una desgastada constitución. Constitución sabia, con todas las respuestas esa que, muchos nombran, pocos leen, y básicamente, muy pocos (por no decir ninguno) respeta, o se rige realmente bajo su marco.

Estamos viviendo horas tan duras, tan menguadas, que vemos enemigos en todos lados. Sentimos miedo hasta de nuestra sombra, tenemos miedo a que piense distinto a nosotros y que nos apuñale por la espalda. Y es que sentir miedo no es sinónimo de cobardía, al contrario, el miedo es una condición humana. Aunque por allí hay quienes dicen que, “ya nos han quitado tanto que, nos quitaron hasta el miedo”. Y hemos llegado a niveles de incoherencia tan grandes que, parece más lógico lanzar piedras en una calle, que sostener un debate académico. Y sí, yo sé, desde un pupitre no se cambia el mundo (pero te formas para cambiarlo, ¿no?) ¿Qué no estamos en tiempos para la formación? Eso explicaría la falta de raciocinio en el ambiente.  Porque simple y sencillamente, como académica, como estudiante, ando en busca de respuestas. Respuestas a preguntas que todos nos hacemos y que, en palabras de mi profesora de Historia de la Comunicación, a veces solo nos queda tratar de “entender”…Y yo me pregunto: "¿Cual es la labor de la universidad en circunstancias como las actuales? ¿Cerrar sus puertas? ¿Armar guarimbas? No creo, " las Universidades son Instituciones al servicio de la Nación y a ellas corresponde colaborar en la orientación de la vida del país mediante su contribución doctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales", así lo reza el articulo 2 de la Ley de Universidades. ¿Y qué nos correspondería hacer como universitarios? "Reflexionar y analizar  la situación-país, opinar, tomar una postura, y hacer lecturas del conflicto porque sino, NO seriamos académicos". ¿Y en qué espacios se debería hacer esto? En la UNIVERSIDAD . Y en medio de este coyuntural conflicto, en el cual, muchos nos sentimos impotentes confundidos, deprimidos, molestos.  ¿Saben por qué sigo asistiendo a clase? Simple, porque yo.  tengo fe en la Universidad, en la  retórica.

 Porque creo firmemente que, un/a profe influyente es él/la que logra que, sus alumnos se enamoren. Sí, que se enamoren de la materia. Que se cautiven a través de su retórica y manera de impartir los contenidos. Pero que, no se casen con el punto de vista que él/ella les enseñe, sino que se abran a TODAS las posibilidades, para que puedan formar sus propios criterios. Porque él/la buen profe, es guía, y brinda las herramientas, para que él/la buen/a alumno/a continúe explorando... Porque sigo creyendo (soy tremenda ilusa), que de todo este caos se puede obtener un aprendizaje. Sí, ya se que me puse a escribir de fe y  no estamos hablando de religión, aunque por allí dicen que el ejercicio del periodismo, en su práctica,  es todo un apostolado. Sin embargo, estoy muy clara, se bien que, no puedo exigirle a una Academia que es (y siempre ha sido) el reflejo del país, que vuelva a una normalidad que,  desde hace rato no existe en esta Venezuela tan fragmentada. Pero simple y sencillamente no podría avalar que mi Alma Mater cierre sus puertas.  ¡Coño! “Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena… ¡Que los que matan se mueran de miedo!”. Es que, me rehúso a cambiar de canción, y de autor, y que con el permiso de Milanés, me toque decir con pesar: “Yo pisaré las calles nuevamente, de lo que fue Caracas ensangrentada, y en una hermosa plaza liberada (Altamira (?)), me sentaré a llorar por los ausentes”… Pero de lo que sí estoy segura es de que, “Más temprano que tarde, sin reposo, retornaran los libros, las canciones, que quemaron las manos asesinas, RENACERÁ mi Pueblo de sus ruinas, y pagarán su culpa los traidores…”
 
 
PD: "De la autoflagelación sólo resulta la autodestrucción" 
 
                                                                                                                             Elvianys Díaz